El verdadero reto es hacerlo bien y con el partner adecuado
Durante años, la transformación digital en banca se abordó como un proyecto. Un plan con principio y fin. Un conjunto de hitos tecnológicos que permitían modernizar sistemas, optimizar procesos y ganar eficiencia durante un tiempo razonable. Hoy, esa lógica ha quedado atrás.
La banca actual vive en un estado de transformación permanente. La presión regulatoria, la exigencia del cliente, la competencia de nuevos actores y la necesidad de mantener márgenes obligan a las entidades financieras a revisar continuamente su forma de operar. En este contexto, la Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una condición necesaria para competir.
Sin embargo, adoptar IA no es suficiente. De hecho, hacerlo sin criterio puede generar más problemas que soluciones. La verdadera diferencia ya no está en quién incorpora IA antes, sino en quién lo hace mejor, con una visión realista, responsable y acompañada del conocimiento adecuado.
De la fascinación tecnológica a la toma de decisiones responsables
En los últimos años, la IA se ha convertido en protagonista de discursos, presentaciones y planes estratégicos. Modelos predictivos, automatización, asistentes inteligentes, analítica avanzada. Todo parece imprescindible. Pero cuando se baja al terreno operativo, la realidad es más exigente.
La IA no genera valor por sí sola. Lo hace cuando se aplica sobre procesos reales, con datos fiables, dentro de entornos regulados y respetando la lógica del negocio bancario. Muchas iniciativas fracasan no por falta de tecnología, sino por desconocimiento del contexto en el que se despliegan.
La banca no necesita soluciones genéricas ni plataformas diseñadas para “cualquier sector”. Necesita un partner especializado en banca, con tecnología propia y sin dependencia de terceros, capaz de entender la complejidad operativa, regulatoria y comercial de una entidad financiera y traducir la IA en resultados tangibles y sostenibles.
La presión regulatoria y operativa como punto de partida real
Si hay algo que comparten hoy todas las entidades financieras, independientemente de su tamaño o modelo de negocio, es una sensación constante de presión. Presión regulatoria, presión operativa y presión por mantener niveles de servicio cada vez más exigentes con estructuras que no siempre crecen al mismo ritmo.
La banca no opera en un entorno flexible. Opera en un marco supervisado, auditado y altamente regulado, donde cada proceso tiene implicaciones legales, reputacionales y económicas. Y, paradójicamente, muchos de esos procesos críticos siguen dependiendo en gran medida de tareas manuales, validaciones humanas y flujos poco optimizados.
Es en este contexto donde la Inteligencia Artificial empieza a jugar un papel clave, pero también donde surgen muchas dudas razonables por parte de los compradores de servicios. Porque no toda IA es válida para banca, ni toda automatización aporta seguridad.
Desde la experiencia de trabajar de forma continuada con entidades financieras, se observa que los mayores cuellos de botella no suelen estar en los grandes sistemas core, sino en el back office y en los procesos transversales que conectan áreas, personas y decisiones. Bastanteos que se alargan más de lo previsto, reclamaciones que se acumulan sin una priorización clara, alertas de fraude poco cualificadas que saturan equipos o expedientes hipotecarios que se retrasan por falta de información estructurada.
Estas ineficiencias no solo impactan en costes. Afectan a la percepción del cliente, a la carga de trabajo de los equipos y al riesgo operativo. Y es aquí donde aparece uno de los grandes miedos de las entidades: aplicar IA sin perder control.
Por eso, los compradores de servicios bancarios buscan hoy algo más que innovación. Buscan certeza. La seguridad de que las soluciones respetan los marcos regulatorios, se integran con los sistemas existentes y no generan dependencias innecesarias. Buscan partners que entiendan que, en banca, la automatización no puede ser opaca ni incontrolable.
La IA aplicada al entorno financiero debe ser explicable, trazable y gobernable. Debe permitir entender por qué se toma una decisión, cómo se prioriza un expediente o qué criterios se aplican en un análisis de riesgo. Y, sobre todo, debe adaptarse a las políticas internas de cada entidad, no al revés.
Business Banking Innovation: innovación nacida desde la práctica
Business Banking Innovation (BBI) surge precisamente de esta realidad. No como una unidad tecnológica al uso, sino como una vertical especializada diseñada para responder a los retos reales de la banca actual.
BBI se ha construido desde una comprensión profunda de la operativa bancaria cotidiana, fruto del trabajo continuado de un equipo que conoce de primera mano las dinámicas, exigencias y retos a los que se enfrentan hoy las entidades financieras. Esta visión está liderada por profesionales con una trayectoria previa en distintos puestos y responsabilidades dentro de la banca, lo que ha permitido diseñar soluciones alineadas con la realidad del sector, no desde la teoría, sino desde la experiencia práctica acumulada a lo largo de los años.
Esta forma de entender la innovación marca una diferencia clara. Las soluciones no se conciben desde un laboratorio tecnológico, sino desde el conocimiento de los procesos, los cuellos de botella y las prioridades reales de negocio.
Tecnología propia como ventaja estratégica
Uno de los pilares diferenciales de BBI es el uso de tecnología propia, desarrollada específicamente para el entorno bancario y sin dependencia de proveedores externos. Esta independencia no es un detalle técnico, sino una ventaja estratégica.
Permite adaptar cada solución a las políticas internas de la entidad, integrar con sistemas legacy sin fricciones, evolucionar los modelos de IA sin lock-in tecnológico y mantener el control sobre los datos y los procesos. En un entorno donde la soberanía tecnológica y el cumplimiento normativo son cada vez más críticos, esta capacidad de adaptación es clave.
BBI no ofrece productos cerrados. Ofrece soluciones configurables, evolutivas y alineadas con la realidad de cada banco.
SwiftBankOps: eficiencia operativa con criterio bancario
Dentro del ecosistema BBI, SwiftBankOps representa una respuesta directa a uno de los grandes retos de la banca: la sobrecarga operativa. Durante años, muchos procesos administrativos han crecido en complejidad sin hacerlo en inteligencia, consumiendo recursos y desviando foco del negocio.
SwiftBankOps permite automatizar procesos bancarios de extremo a extremo, integrando tecnología, reglas de negocio e IA en una única capa operativa. El objetivo no es sustituir personas, sino liberar a los equipos para que se centren en tareas de mayor valor.
La plataforma cubre procesos clave como la apertura y cierre de cuentas, el control documental bancario y empresarial, la gestión de impagos, las transferencias internacionales y el comercio exterior, los procesos completos de testamentarías y la gestión hipotecaria con foco en la fidelización posterior del cliente y el cross selling asociado.
Todo ello manteniendo trazabilidad, control y alineación con las políticas internas de cada entidad.
Automatizar sin perder control
El valor de SwiftBankOps no está solo en lo que hace, sino en cómo lo hace. Su arquitectura modular permite escalar y personalizar cada proceso sin rigidez.
El uso de OCR avanzado permite digitalizar documentación y extraer información clave con precisión. Las reglas de negocio configurables permiten definir validaciones, flujos y excepciones según criterios internos. Y las alertas inteligentes anticipan incidencias y vencimientos, facilitando una gestión proactiva.
El resultado es una operativa más ágil, con menos errores, mayor control y una experiencia de cliente más coherente y predecible.
Servicios BBI: IA aplicada a problemas concretos
La evolución de BBI ha dado lugar a servicios especializados que responden a retos muy específicos del sector financiero.
BBI ClaimOptimizer transforma la gestión de reclamaciones mediante IA aplicada a la clasificación, priorización y resolución de casos, permitiendo reducir hasta un 80 % el tráfico de reclamaciones de forma sistemática, planificada y transparente.
BBI FraudShield aplica IA a la detección temprana de patrones de fraude y al análisis inteligente de alertas, reforzando la seguridad sin penalizar la experiencia del cliente ni la operativa diaria.
BBI SmartScore mejora la calidad de la información en los procesos de financiación, estructurando y paquetizando datos del cliente para actuar como primer filtro en préstamos personales, renting, automoción, hipotecas y tarjetas.
BBI Bastantia automatiza el bastanteo de poderes y documentación legal, eliminando uno de los grandes cuellos de botella del back office bancario.
Elegir el camino correcto en la adopción de IA
Ante la adopción de IA, muchas entidades se enfrentan a una decisión estratégica: desarrollar internamente, adquirir soluciones genéricas o apoyarse en un partner especializado. La experiencia demuestra que esta última opción es la más eficiente cuando el partner conoce la banca y aporta tecnología propia.
Un partner especializado en banca, con tecnología propia y sin dependencia de terceros, permite acelerar la adopción de IA sin asumir riesgos innecesarios, evitando dependencias externas y garantizando la adaptación al contexto regulatorio y operativo de cada entidad.
En BBI no se venden herramientas. Se asumen procesos. Se acompaña a las entidades desde la identificación del problema hasta la operación diaria, combinando tecnología, servicios y visión estratégica.
La IA como infraestructura invisible de la banca del futuro
A medio plazo, la verdadera transformación que traerá la Inteligencia Artificial a la banca no será visible para el cliente final. No se percibirá como una nueva funcionalidad ni como un cambio radical en los canales. Será, más bien, una infraestructura invisible, integrada de forma natural en los procesos internos, sosteniendo la operativa diaria sin generar fricción.
Las entidades que avancen en esta dirección no serán necesariamente las que más hablen de IA, sino las que consigan que sus procesos funcionen mejor sin hacer ruido. Que resuelvan reclamaciones con mayor rapidez, que gestionen riesgos con mayor precisión, que reduzcan tiempos operativos sin perder control y que ofrezcan una experiencia de cliente coherente y consistente a lo largo del tiempo.
En este escenario, la IA deja de ser un elemento diferenciador para convertirse en un requisito básico. Igual que hoy nadie cuestiona la necesidad de sistemas core robustos o de controles normativos sólidos, mañana la inteligencia aplicada a los procesos será simplemente parte del estándar operativo.
Por eso, contar desde el inicio con un partner especializado en banca, con tecnología propia y sin dependencia de terceros, no es solo una ventaja competitiva a corto plazo. Es una forma de asegurar que la innovación se convierte en una base sólida sobre la que construir el crecimiento futuro, sin comprometer el control, la calidad ni la confianza.
Una conclusión clara
La banca ya no se pregunta si debe adoptar Inteligencia Artificial. Esa decisión está tomada. La verdadera diferencia estará en cómo y con quién se recorre ese camino. Porque la IA, aplicada sin conocimiento del sector, puede convertirse en una fuente de complejidad. Aplicada con criterio bancario, se transforma en una palanca de eficiencia, control y crecimiento sostenible. BBI representa esa forma de entender la innovación: desde la especialización, la tecnología propia y la experiencia real. Porque en la banca actual, innovar no es experimentar. Es decidir bien.
Autor: Javier Sáez – Director BBI

