IA y su impacto en el sector del contact center: lo que más de 30 años de experiencia nos han enseñado a mirar de otra manera

En MST acumulamos tres décadas de trayectoria en este sector, y hemos visto pasar el fax, el CRM, el chat en vivo, el WhatsApp Business… y en cada una de esas olas alguien dijo que «esta vez sí» lo iba a cambiar todo. Con la inteligencia artificial, por primera vez, tenemos que darles la razón. Pero no por lo que la mayoría piensa.

La IA no está sustituyendo el contact center. Lo está obligando a repensarse desde la base. Y eso, para quienes trabajamos en atención al cliente, es una noticia mucho más interesante que «los robots van a quitarnos el trabajo».

Lo que dicen los números (y lo que no dicen)

Empecemos por los datos, porque en este sector se habla mucho de IA y se contrasta poco.

En España, el sector del contact center facturó 2.025 millones de euros, con un crecimiento del 0,94% respecto al año anterior, según el Estudio de Mercado 2025 de la Asociación CEX. Ese dato ya es interesante por sí solo, pero hay otro que nos llama todavía más la atención: la inversión en tecnología sobre el coste de empresa subió siete puntos hasta el 68%. Las empresas no están hablando de IA por moda, están destinando presupuesto real a ella.

¿Y en qué la están invirtiendo? Según el mismo estudio, la automatización robótica de procesos (RPA) y la inteligencia artificial ya están implantadas en el 89% de las compañías asociadas a CEX. Es una cifra altísima, y confirma algo que en MST repetimos en cada reunión con nuestros clientes: la IA ya no es un proyecto piloto en un rincón de innovación, es infraestructura básica del contact center moderno.

A nivel país, un estudio de AWS de 2026 apunta que el 61% de las empresas españolas ya han implementado alguna solución de IA, once puntos más que el año anterior. España, según ese informe, está siete puntos por encima de la media europea en adopción.

Hasta aquí, todo suena muy bien. Y aquí es donde, con 30 años de experiencia a nuestras espaldas, toca poner el freno de mano un momento.

El dato que casi nadie cuenta: invertir no es lo mismo que ganar

Un estudio reciente recogido por MuyCanal, tras analizar una inversión global en IA superior a los 250.000 millones de dólares en 2025, revela que solo una cuarta parte de las empresas afirma haber conseguido un impacto empresarial significativo con esa inversión. Merece la pena repetirlo: tres de cada cuatro empresas invirtieron en IA y no notaron un impacto relevante.

¿Por qué pasa esto? Porque muchas compañías tratan la IA como un parche que se añade a procesos que ya existían, en lugar de rediseñar el proceso desde cero pensando en cómo la IA y las personas van a trabajar juntas. Y en un contact center, ese matiz lo es todo. No sirve de nada poner un chatbot delante de un proceso mal diseñado: solo se consigue automatizar la frustración del cliente, no eliminarla.

Esto es exactamente lo que en MST repetimos constantemente: la tecnología no arregla un mal proceso, lo amplifica. Antes de automatizar hay que entender de verdad el recorrido del cliente.

De la moda a la decisión estratégica

Lo que sí está cambiando de verdad en 2026 es el papel de la IA conversacional dentro de las organizaciones. Ya no depende solo del departamento de innovación: se ha convertido en una decisión de dirección, con impacto directo en experiencia de cliente, operaciones y resultados, según el Estudio de Tendencias en Contact Center 2025 de PwC, publicado por FUNDAE.

La diferencia entre las empresas que sacan partido a la IA y las que no, ya no está en tener o no tener un bot. Está en si esa tecnología forma parte de una arquitectura conversacional coherente: que la voz, el WhatsApp, el chat web y las redes sociales dejen de funcionar como compartimentos estancos y pasen a compartir memoria del cliente y contexto en tiempo real.

Esa es, para nosotros, la verdadera revolución. No es que la máquina hable como una persona. Es que, por fin, el cliente no tiene que repetir su problema tres veces en tres canales distintos.

¿Va a sustituir la IA a los agentes humanos?

Es la pregunta que más nos hacen, y la respuesta corta es: no en el sentido en que la mayoría lo teme.

Lo que sí está pasando es un rediseño real del rol del agente. Las tareas repetitivas y de bajo valor —consultas de saldo, cambios de cita, preguntas frecuentes— cada vez las resuelve antes la IA. Eso deja a los agentes humanos para lo que de verdad requiere criterio, empatía y capacidad de decisión: las interacciones complejas, las reclamaciones delicadas, los clientes que necesitan sentirse escuchados de verdad.

Gartner prevé que en 2029 la IA agéntica podría resolver de forma autónoma hasta el 80% de las consultas habituales de atención al cliente. Conviene señalarlo con claridad: esto es una previsión, no un hecho consumado, y como toda previsión a varios años vista la tomamos con cierta prudencia.

Lo que sí es un hecho hoy es que el modelo que está funcionando es el híbrido: IA para el volumen y la repetición, personas para el criterio y la conexión emocional. Ni todo humano ni todo automatizado.

Cómo evitar ser parte del 75% que no ve resultados

Con todo lo anterior sobre la mesa, en MST resumimos nuestra recomendación en cuatro ideas:

  • Empezar por el proceso, no por la herramienta. Mapear el recorrido real del cliente antes de decidir qué automatizar.
  • Medir desde el primer día. Resolución en el primer contacto, tiempo de espera y satisfacción del cliente, no solo el ahorro de costes.
  • Formar al equipo humano para el nuevo rol. El agente que hoy resuelve reclamaciones complejas necesita herramientas y formación distintas a las de hace cinco años.
  • No comprar tecnología por miedo a quedarse atrás. El FOMO tecnológico es, según varios estudios recientes, una de las principales causas de que la inversión en IA no genere retorno.

Una reflexión final

Treinta años de trayectoria en este sector nos han enseñado una cosa: las modas tecnológicas van y vienen, pero lo que siempre se queda es la calidad de la conversación entre una empresa y su cliente. La IA no cambia esa verdad de fondo. Lo que hace es obligarnos a decidir, con mucha más claridad que antes, qué parte de esa conversación merece la pena automatizar y qué parte necesita, sin ninguna duda, seguir siendo humana.

*Nota: Todos son datos verificables a fecha de publicación de este artículo (septiembre de 2026)

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